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‘La Coronela’: Doña Agripina Montes Valdelamar

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Mejor conocida por sus coterráneos como“La Coronela”; Agripina nació en Colón en el mes de junio de 1895, en el muy popular y conocido barrio de Soriano, frente al Santuario de la Virgen de los Dolores, en la esquina que forman la calle Francisco I. Madero y Plaza Soriano

Por: Cristóbal Vega Prado

Fue registrada a las 10 horas del 22 de Julio del mismo año, sus padres fueron Febronio Montes y Margarita Valdelamar.

Agripina fue estudiante en la Normal, como pocas mujeres de su época tenían la oportunidad de estudiar, también fue una de las primeras mujeres que manejaban su propio carro (marca Dodge). Mujer de gran arrojo y valentía, francamente hermosa, participó en la Cristiada contra las medidas del presidente Calles.

Jean Meyer nos dice de ella: “Agripina Montes, la Corónela, a quien los federales imaginaban a la cabeza de las tropas de la Sierra Gorda, quizá no era un caudillo guerrero, pero organizó el alzamiento de Manuel Frías, en Colón, y los propagó por toda la región con una energía absolutamente militar”.

Narra su participación el día del Levantamiento: “El día de la insurrección yo no salí a la calle, me quedé en el rancho El Derramadero a cuidar los choferes y cargadores de los carros; estuve con mi arma sentada en la ventana de un cuarto que quiero ir a fotografiar como recuerdo. No sé lo que sucedió en la calle”.“En el Derramadero, yo vestía un pantalón de mezclilla que me dio Norberto. Traía también botas, carrillera y sombrero. Yo tenía 33 años de edad. Julián Bustamante, mi primo, siempre andaba conmigo, yo le decía “mi hermano”. Hace ya trece años que murió”.

“El día en que nos levantamos en armas, llegamos hasta Tulillo. Estoy muy agradecida con Emilio y Juan Zarazúa por las atenciones que tuvieron conmigo, porque don Manuel Frías y Norberto me trataron muy mal.Yo me fui al cerro con los Cristeros porque mi intención era asistir a mi Señor Cura don Rafael Álvarez, el cual fue fusilado el 29 de febrero ¡Ni un mes nos lo dejó Dios!, en el cerro, yo les ayudaba en la cocina: hasta hacía tortillas-.

El levantamiento de Colón coincidió con la sublevación Cristera del Valle de Santiago, Gto. -De la Liga nos ordenaron que levantáramos la vía del tren en la Estación Noria, para impedir la llegada de tropas militares a Valle de Santiago. Este pueblo está en el Plan y había que darles tiempo a los rebeldes para que tomaran la sierra, que está lejos. No sé si los de Colón lo hicieron, pero los de la Cañada, más adelante, sí lo llevaron a cabo-.
-Yo anduve con los Cristeros de Colón hasta el 31 de julio de 1928 y me encontré en el combate de las Calabazas (hoy es Ejido Patria).

En las Calabazas, cuando estaba el combate, mandé a Julián, mi primo, por mi mula; pero la caballada ya la tenían los soldados. Perdimos entre 20 y 30 caballos.Durante el combate me di cuenta que estaba sola: ¡Ya todos habían corrido!. En medio de una lluvia de balas, bajé para la barranca de Los Pilones y logré escaparme, solamente me agujeraron la copa del sombrero.

En el cerro del Mexicano pasamos tres o cuatro días, nuestra casa era un garambullo. Me acompañaban algunos dispersos: Francisca Martínez, (esposa de Pancho Reséndiz de Colón), Ciro y Luis Vázquez (de Querétaro), Antonio Morales de Colón, que después fue Sacerdote en Cholula, y José Hernández, del barrio de San Antonio en Colón-.
Acompañada de José Hernández, atravesando cerros, llegamos hasta Bernal, en donde nos atendió de maravilla Moisés Cabrera, encargado de la Cristeada en Bernal, hoy ya difunto (añadió después de un rato:)

–“Pienso llevarme sus restos al Cerro del Cubilete en donde están sepultadas las cenizas de muchos Cristeros”-.

En Bernal me prestaron unas enaguas y, ya vestida de mujer, (porque traía pantalones), nos fuimos a la estación de San Nicolás y ahí tomé el tren para Dolores Hidalgo-.
-En San Nicolás me vio Joaquín Ontiveros que había sido comandante en Querétaro y que tenía la comisión de apresarnos. Ahora –Joaquín- vendía en los trenes ópalos de la Mina del Iris de Esperanza, Colón Qro.

Aunque nos miraba, Joaquín no nos delataba porque era nuestro pariente. A Norberto también lo vio algunas veces y no lo denunció-.
De Dolores Hidalgo, me fui para la Hacienda de la Sauceda, en donde estaba el General Posada. Y más después me fui para Jalisco-. Después de una pausa continuó: -También me acuerdo que al otro día del levantamiento de Colón, la Prensa de México publicó mi nombre y me tomó como jefa de la insurrección. Esto les causó envidia a don Manuel y a Norberto. Llegaron, incluso, a levantarme falsos entre Julián (mi primo) y yo-.

Cuando los soldados llegaron aquí a Colón, le platicaban a toda la gente: En este combate de las Calabazas, acabamos a todos los Cristeros, miren aquí traemos toda la caballada.
Dicen que también mostraban la mula, el arma, y de una bolsa sacaban y enseñaban burlándose, los calzones de Agripina Montes.

A continuación las opiniones de elogio hacia La Coronela:
“Don Alfredo Hernández Quezada, Jefe Nacional de la Guardia Cristera, opinó el día que me visitó en Colón: Agripina es una gloria de Querétaro y de Colón, fue una gran jefa Cristera.” (11 de marzo de 1993)
Una religiosa francesa, compatriota de Santa Juana de Arco, en un acróstico que le dedica a Agripina Montes la nombra “La Juana de Arco Mexicana”, la llama gran liguera y defensora de la libertad religiosa.Tomado de la Revista “DAVID”, órgano oficial de la Guardia Cristera.

El General Frías cuenta: “A la señorita Agripina la conocí a fines del año pasado (1927) en el pueblo de Colón. Trabajando con verdadero valor y entusiasmo por la causa, y como en su casa se verificaban mis entrevistas con los organizadores del grupo libertador, en dicho lugar, y además en su casa se estuvieron almacenando pertrechos que ella misma compró y condujo para que sirvieran a dicho grupo, al tomar Colón la noche del 4 de febrero (1928) acatando órdenes de esa superioridad se nos incorporó, pues era, de momento, el único medio de salvar su vida y permaneció con nosotros hasta el 31 de julio, fecha del combate de las Calabazas, habiendo sufrido con verdadera abnegación las penalidades inherentes a la campaña; pocos días después acatando órdenes del General Ortiz abandonó estos lugares para desempeñar comisiones propias de su sexo”.

Alfredo Guerrero Tarquín, agrarista nativo de San Luis de la Paz, Guanajuato, enemigo implacable de las huestes cristeras de la Sierra Gorda, dice haber conocido en diversos combates tanto a Agripina Montes como a Guadalupe Chaires. De esta afirma que la llamaban la Generala, aunque en realidad tenía el grado de coronela cuando salía a encabezar a su grupo de mujeres en armas (Guerrero Tarquín, 1987: II, 40, 54). De Agripina reconoce primero que era guapa, luego la califica como “especie de marimacho” y “mocosa armada”, pero termina elogiándola: “Esta famosa cristera gozaba de un gran prestigio entre los fanáticos, y su acción serviría para estimular a los reacios y provocar otros movimientos” (1987: I, 326).

La Srita. Agripina Montes, después del rendimiento, porque la perseguían, se cambió su nombre por el de Josefina Pérez y, Pablo Castillo, fue el nombre de Julián Bustamante, su acompañante que era su primo inseparable.

Agripina murió el 8 de marzo de 1985, en el convento de Azcapotzalco de las Madres de la Inmaculada Concepción de María. Sus restos se encuentran en Cristo Rey, Guanajuato, al igual que muchos combatientes cristeros de su época.

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